divendres, de novembre 30, 2007

Abrió la boca y salieron noches llenas de estrellas en un bostezo de esos que te llama al sueño. Era la hora de partir.

Un beso a todos.
Miraba los alrededores con la curiosidad de una niña nueva en el mundo. Una pared, unos pies pequeñitos, un suelo frío. A veces es fascinante la belleza de las cosas que llega con la calma después de la tormenta, hace que se dibujen nuevamente los contornos de la realidad. Parece que al acariciar las cosas éstas se forman de nuevo bajo tu piel: todos los huesos todos los órganos y músculos de los muebles arreplegándose bajo tu mano para que puedas tocarlo. Sólo eres ese tacto, cada partícula de tí es un poro de piel, una extremidad de una extensión sensible de tu dedo, como si tu consciencia se hubiese marchado por la ventana con otra luna u otra montaña. Déjala marchar, te dices, ya volverá si te quiere. Si no, habrá valido la pena tenerla tantos años contigo estos años.

las canciones interiores

Un día la consciencia le agarró muy fuerte del pecho. Se sentó sobre la cama y empezó a ver pasar por delante todas esas fechas que no había vivido, sintiendo el peso del conocimiento sobre los hombros. Vio a todos esos rostros que le miraban desde el pasado: ellos eran sus brazos, sus piernas en el pasado, ellos eran sus ojos de fracasados, de oprimidos, de encerrados. ellos eran su mente subversiva. A su vez, ellos eran ella porque ella era todo lo que quedaba de ellos, su memoria, su recuerdo borroso en el techo. Si ellos vieron, oyeron, sintieron por ella en esa época anterior ella sería sus ojos, su boca y su mente cuando ya no estuvieran. Pronto vería como la Historia se los tragaba como quien reasimila una parte de su ser, como las gotas de agua que se juntan al resbalar por la pared de la ducha.

Lloró por el recuerdo. Porque le parecía tan inútil todo, porque dudaba que hubiese valido la pena. Para qué el recuerdo? todo le había afectado tanto, tantísimo, se le había metido como cuchillas de afeitar bajo la piel, se le había metido dentro. Si le hubieses abierto el pecho en ese momento habrían salido en tropel hombres armados y soledad y tristeza y cartyeles de mil colores, soles lejanos como balas en el aire, un montón de deseos y barrotes rallando las pupilas de los ojos de un niño en un refugio antiaéreo. Encontrarías lazos en la lengua y en el corazón, las canciones de guerra interior, periódicos mojados del ayer y olor de bibliotecas y libros de viejo donde ella, un día de estos, acabaría cayendo. Puede que también se encontrara a si misma, una chica dentro de una chica que buscaba un pasado al que desaferrarse, que buscaba matar al lobo, un poco de verdad. También saldrían sus letras hablando consecuentemente, entrando en razón, los cuentos de cuentos que sucedieron, que ella no vió pero que siente suyos más que su propia vida.

Saldría todo su ser y ella sería sólo una piel entre las sábanas. Y por eso llora, porque sin su Historia no es nada.