diumenge, de febrer 08, 2009
Parece que no está cansado, parece que sueñe y no se preocupe por nada.
¿Sonaré algun día lejana cuando me llame por mi nombre? ¿que otras mujeres andarán por su piel, enamoradas?
¿Dónde lo llevará el viento que se agita dentro de su pecho? ¿se hará daño en el camino?
Seguro que su vida será intensa y aprenderá, aprenderá muchísimo, se dolerá y reirá y conocerá lugares muy distintos. Imagino pueblos, imagino mares y costas y biosques y casas y ciudades y esquinas y rincones y callejuelas. Imagino toda suerte de músicas y cielos y ojos observándolo como yo ahora.
A veces le miro y me pregunto qué lugares pisará el niño de los pasos de mariposa.
Otras veces, me imagino a mí. Yo, libre, en otro lugar, en otro puerto, riendo, llorando, escribiendo, aprendiendo y contando lo que ví en mi camino. Pero no se cómo ni donde, tampoco cuando.
Sólo tengo la certeza del ahora, bajo el edredón, abrazada a un niño de piel suave y caliente. Es fascinante aprender con los ojos cerrados cómo es su cuerpo. Y es bonito dormirse lentamente así, queriéndolo.
y mañana... ya se verá.
A veces notamos lo cruel que hemos sido sin saberlo. Llegamos a las vidas ajenas como Atila, pasamos sin pedir permiso, manejamos, abrazamos, herimos, atormentamos, hacemos reír y no dejamos crecer la hierba una vez hemos marchado. Y seguimos el rumbo con una leve sensación de que hay algo que dejamos atrás...
Hoy lo siento. Quizá... quizá haya una pequeña porción de mí, un resquicio que se siente triste por pasar por las vidas como un ciclón, dando y quitando a voluntad. Es una brecha chiquitita como un rasguño, apenas perceptible a ojo desnudo, pero que sigo sintiendo latente dentro de mí. Siento el mal que hice. En mi independencia olvido a veces que, cuando actúo a voluntad, también las cosas me son quitadas a mí. Y a veces parece que olvide el dolor que eso supone.