divendres, octubre 09, 2009




Hoy tengo un cuento para ti.

Abre los ojos y cierra la boca, que vas a beber por las orejas el cuento que siempre quisite escuchar. O, al menos, eso desearía.

Había una vez un dolor profundo que dormía en tu interior. Cada mañana se desperezaba al compás de las primeras respiraciones, se estiraba como un gato y bostezaba. Te abrazaba el pecho como un niño que reclama atención, se colaba por tu garganta y su voz era tu llanto. No te dejaba respirar, se disolvia en tu pena como el café de las ocho, y tu, agitando la cucharilla en la taza para ver si se podia diluir.

Había una vez un recuerdo roto que se empeñaba en hacer de tripas corazón y reconstruirse, que se negaba a aceptar sus cortes y sus rasgaduras. Se pasaba las noches recosiéndose la piel, reconstruyendo sus músculos con la esperanza de que todo fuera mentira y, al despertar a la mañana siguiente, se diera cuenta de que todo había cambiado. Con la esperanza de volver a ser como antes. Pero ya no es ayer.

Había una vez un grito potente anidado en una boca llena de rabia. Sonaba algo así como los aullidos de los trenes que parten entre las montañas, como una bandada de pájaros, que se levanta como cuando agitas las sábanas, como un alud del hielo de los Polos. Pero era un grito triste porque no se convencía a ver mundo, no se atrvía a salir e, impaciente, esperaba su oportunidad para estallar contra el viento. Soñaba ser bala, quería ser remolino del desierto.

Había una vez, también, una niña. Pequeña como las agujas de coser, tenaz como las pinzas de tender la ropa. Era delicada como un vaso de agua en la Vía Layetana a las nueve de la mañana, tan sensible que escuchaba hasta la rotación de los astros. Pero era dura, tanto como ella quisiera, tan fuerte como el tiempo le había enseñado.

Y yo la quería. Así de simple. Se me metió un día por el hojal del pecho y se quedó allí, acurrucada, en algún rincón, hasta el momento. Era así porque ella era como era, espectadora de muchos de mis teatros, orejas cuando le cuento que quiero volar lejos, música cuando necesito viento, un cuento contado con las mejores realidades y deseos que puedo encontrar.

Pero a veces se rompe. De vez en cuando me la encuentro sentada en el suelo esperando que se calme el dolor del corazón, que se reconstruya su piel y sus adentros y pueda seguir andando, que le estalle el grito y golpee todo aquello que desearía tanto odiar y que, a veces, no puede. Porque ama, ama hasta morirse, quiere con todas sus fuerzas, ante todo, sobre todo, lo que tiene alrededor.

A veces me siento afortunada por estar dentro de esas cosas. Me quiere a su manera, la quiero a mi modo y no puedo comprender que todos no se enamoren de ella cuando la veo llegar, con su guitarra o sus letras, o cuando el humo se le escapa entre los labios. Mancha el humo de belleza y no puede ser que la gente esté tan ciega para no verlo.

Por eso, compadezco los que no me entiendan, los que no sean capaces de comprender esta forma de vida. Cualquiera que la hiera, que le haga daño, que diga que la aprecia y que en cambio la lastime no merece mirarla. Porque es preciosa, no es perfecta pero se acerca sospechosamente a aquello que te puede hacer feliz.

Y si ellos no son capaces de verlo, me da pena pensar en la materia desaprobechada en sus cuerpos.




Debemos ser felices, buscar ser rosas de los vientos y no veletas. Necesitamos más vientos del desierto y tardes mirando la ciudad.

Todo cambio es a mejor, no lo dudes más, pequeña.


Un beso tan grande como el sol,


Laura.


Anais, Te quiero.
sobre SAMPERO, J.L.; La vieja sirena.

Yo no soy una vieja sirena ni puedo amar a un Dios terrenal. A mí me corre el tiempo y no tengo una vida de calma y paciencia para esperar a que comprendas. Yo soy humana, con la pasión y el dolor, con el paso de los tiempos, y necesito un compañero al lado, no un Dios para adorar en su pedestal.

A veces quisiera serlo. A veces quisiera una vida entera para entenderte y escucharte, tiempo para poder esperarte. Pero no puedo, y lo siento. Siento... que debo irme, y que tu te quedas y que yo no puedo ayudarte. Y... se me parte el pecho en dos. Ojalá pudiera salvarnos a los dos, pero no puedo, y lo siento.

No soy una vieja sirena, y tengo una vida corta que me late en las venas. No soy de piedra ni de marfil ni soy perfecta, pero los dioses tampoco pueden amar, sólo dejarse querer.

dimarts, setembre 15, 2009

Cuando sabes algo que es muy grande, pertenece a tí mismo sólo el tiempo que tardes en contárselo a alguien. A veces me gusta guardar secretos míos, cosas que sólo yo sé de mí: una certeza que me ha venido de pronto, una seguridad... porque me permiten un espacio íntimo que me parece un regalo. Me regodeo en ese afortunado conocimiento de mí misma, porque me hace sentir libre.

A veces, lo que sé y lo que guardo no es grato ni es amable. A veces cuece y sangra, pero aún así sólo saberlo yo me protege y me hace sentir bien. Es mi conocimiento, la última parte de mí que queda a salvo y que es desconocida, mi último yo salvaje y original. Y lo defiendo con garras y dientes, porque soy yo y es mi libertad de elegir qué cuento y qué no.

Es mi libertad de elegir, el último bastión.

dijous, setembre 10, 2009

Me niego a que todos puedan verte menos yo. Me niego a que seas distante aunque sepa que es mejor. Me niego a que ser valiente sea una mierda, a saber lo que nos conviene y a aceptarlo y asumirlo porque es la mejor opción. Me niego a sentir dolor y tristeza como si fuese lo más cotidiano, porque me niego, me niego! aunque no pueda, aunque deba aceptar lo que es más razonable.

Sé lo que es bueno, se lo que debo hacer, se lo que me conviene, y lo hago. Soy comprensiva, intento estar animosa, estoy activa, intento avanzar e ilusionarme con lo que me espera.

Pero coño, dejadme un momento siquiera a que me joda y me niegue a todo lo que se me viene encima.

Me niego a sentir pena!

Me niego a levantarme y sentir que no vale nada una mierda, me niego a esconder mis trocitos por dondequiera que no se vean, me niego a ser fuerte y tirar aunque me duela, me niego a hacer mi vida y olvidar, o recordar y aún así obligarme a seguir entera.

Me niego a pensar que nunca habrá más nada... Me niego al olvido y su miseria.

Por favor...

dijous, setembre 03, 2009

"Quisiera tenerte siempre pero me resigno a tenerte hoy. Quizá la diferencia resida en que mientras tu goze es explosivo, fulgurante, el mío, que acaso es más profundo, tiene ojeras de melancolía. no puedo evitar preveer desde ahora, junto al buen azar de tenerte, el anticipo de la nostalgia que sentiré cuando no estés. Ya lo sé. Demasiado lo sé. Todo está claro. Pero que me resigne no incluye que te mienta.

Sé que algo o alguien puede matar mi futuro, pero quiero que sepas que mi futuro no es suicida."

Benedetti
Para estas ocasiones tristes.

dilluns, juliol 20, 2009

No le encuentro el sentido, no se lo encuentro. Por más que mi cerebro se concentra en exprimir cada una de las partes de la situación, no consigo encontrar la formula correcta.

De pequeña, en la escuela, nuestra profesora de primaria nos dió las partes del mosaico del suelo del Passeig de Gràcia: nosotros debíamos montarlo de manera que todos encajasen, pues es un entramado complicado. A mí la profesora siempre me lo devolvía diciendo que estaba mal, hasta que llegó un momento en el que dejé de intentarlo.

Algo así me sucede ahora. ¿Cómo sabes si te faltyan puiezas si no sabes el dibujo final del puzle? ¿Qué hacer cuando sabes que falta una pieza y que tú no la tienes? ¿Y si no te la quieren dar, qué?

Los puzzles deberían estar prohibidos,
y la gente,
también.

dimecres, juliol 01, 2009

dilluns, abril 20, 2009

Tu formas parte de una naturaleza contradictoria, con sus peligros y su equilibrio. Por ello también tu naturaleza es desbordante, apasionada, llena de pliegues y desórdenes, de callejones sin salida, oscuridades y luces. Es tan contradictoria que te lleva a lo simple: la respuesta a la mayoría de las preguntas que desordenan tu mente, que ponen a prueba a menudo tu razón, es que hay una constante batalla que no tiene resultado final. No hay vencedor ni perdedor, o mejor dicho, eres el vencedor y el vencido a la vez.

diumenge, febrer 08, 2009

Me siento feliz cuando me despierto por la noche de forma totalmente imprevista y siento la suavidad y el calor de su piel a mi lado. Me siento feliz cuando él duerme y me abraza sin pensarlo. Dejo caer besos breves como gotas de agua por su espalda, por los brazos, por sus mejillas y su frente poruque está dormido, y yo le veo.
Parece que no está cansado, parece que sueñe y no se preocupe por nada.

¿Sonaré algun día lejana cuando me llame por mi nombre? ¿que otras mujeres andarán por su piel, enamoradas?

¿Dónde lo llevará el viento que se agita dentro de su pecho? ¿se hará daño en el camino?
Seguro que su vida será intensa y aprenderá, aprenderá muchísimo, se dolerá y reirá y conocerá lugares muy distintos. Imagino pueblos, imagino mares y costas y biosques y casas y ciudades y esquinas y rincones y callejuelas. Imagino toda suerte de músicas y cielos y ojos observándolo como yo ahora.

A veces le miro y me pregunto qué lugares pisará el niño de los pasos de mariposa.

Otras veces, me imagino a mí. Yo, libre, en otro lugar, en otro puerto, riendo, llorando, escribiendo, aprendiendo y contando lo que ví en mi camino. Pero no se cómo ni donde, tampoco cuando.

Sólo tengo la certeza del ahora, bajo el edredón, abrazada a un niño de piel suave y caliente. Es fascinante aprender con los ojos cerrados cómo es su cuerpo. Y es bonito dormirse lentamente así, queriéndolo.

y mañana... ya se verá.

A veces notamos lo cruel que hemos sido sin saberlo. Llegamos a las vidas ajenas como Atila, pasamos sin pedir permiso, manejamos, abrazamos, herimos, atormentamos, hacemos reír y no dejamos crecer la hierba una vez hemos marchado. Y seguimos el rumbo con una leve sensación de que hay algo que dejamos atrás...


Hoy lo siento. Quizá... quizá haya una pequeña porción de mí, un resquicio que se siente triste por pasar por las vidas como un ciclón, dando y quitando a voluntad. Es una brecha chiquitita como un rasguño, apenas perceptible a ojo desnudo, pero que sigo sintiendo latente dentro de mí. Siento el mal que hice. En mi independencia olvido a veces que, cuando actúo a voluntad, también las cosas me son quitadas a mí. Y a veces parece que olvide el dolor que eso supone.

dissabte, desembre 20, 2008

El hecho de llevarte puesto un zapato que no es el tuyo y no darte cuenta hasta pasados cuatro dias. Que son, ¿los zapatos de la cenicienta?
Vamos, hombre.

dilluns, novembre 10, 2008


Su respiración va acompasada con el traqueteo del metro. Está oscuro y lo abraza el sueño, se siente arropado por la luz fluorescente provinente del techo. Su corazón late despacito a tantos metros bajo el suelo... parece imposible que algo tan pequeño y apartentemente frágil pueda descansar tan facilmente, navegando entre el bullicio y el olor de las sardinas convertidas en gente aquí, en el bagón. Yo soy una de ellas y envidio intensamente la calma que desprende, el calor y la seguridad de su manta. Encuentra la tranquilidad en el movimiento contínuo de la gran ciudad, su sueño guarda el futuro y yo... tan sólo espero la próxima parada.

Quisiera acariciarlo y decirle que todo irá bien, aunque segurmanete sea yo misma la que quiera tener esa tranquilidad de quién aun no sabe qué debe temer.


...
Hace ya un año que tomé esta foto en el metro de París, donde el sol consiste en los faros que se acercan desde lejos por los túneles quebradizos. Fue fugaz e imperfecta, pero recuerdo que quedé impactada por el juego de color y el niño profundamente dormido en la espalda de su madre, que hablaba ajena al tesoro que guardaba detrás.